Encuentro número cincuenta, congregará a 53 Jefes de Estado, unos 1700 líderes empresariales y 282 “influencers”, todo en un solo sitio. El poder global reunido en Davos, pretende un «capitalismo de las partes interesadas».

De las 193 naciones dentro de la tierra, asistirán 118, incluyendo nuevamente a Rusia y a China. Las “partes interesadas”, son muchas más de lo que algunos pregonan, otros pretenden y varios parecen desconocer. Cuando nos salimos de las anécdotas, las utopías o los juegos de palabra, y profundizamos en los hechos, es cuando podemos ver parte de la realidad.

Este foro fue lanzado originalmente en 1971 por el economista alemán Klaus Schwab como el European Management Forum, y su objetivo inicial era ayudar a las empresas europeas a desarrollarse, colocándolas en la misma sala con actores influyentes del gobierno. Ahora se ha convertido en el mayor escenario de poder a nivel mundial.

En pleno nacimiento de la Blockchain, del Bitcoin y de las criptomonedas, para mí lo más importante es definir si el poder global reunido en Davos, representa el futuro de la humanidad o un presente que hay que modificar.

Porque estemos claros, el evento reúne a las fuerzas públicas y privadas, que hasta hoy han definido mayoritariamente los sistemas políticos, económicos y sociales que tenemos. Eso sí, cada una con sus propios intereses y objetivos particulares, no por nada el avance de China hacia un cambio de equilibrios financieros es cada vez más fuerte.

Davos en apariencia muestras preocupaciones loables y adecuadas: economías más justas, como salvar el planeta, la polarización política, las tensiones comerciales, los ataques cibernéticos, la ética y el dinero, la dislocación tecnológica y el mercado. En fin, temas en los que seguro muchos estamos de acuerdo en afrontar y resolver, la cosa es que falta sustancia y cumplimiento.

El poder global en Davos

Sin ningún tipo de mecanismo de cumplimiento, las manifestaciones, acuerdos, críticas y posiciones de reformas, simplemente son letras vacías. Lo más seguro es que en esta nueva edición del foro veremos al profesor Klaus Schwab, realizar fuertes cuestionamientos al sistema financiero actual.

Lo que pasa es que decir que el “capitalismo neoliberal ha hecho mucho daño” y que “el sistema actual es una fábrica de desigualdad”, no hace más que recordar una realidad. El punto es con que se pretende sustituir este capitalismo.

Precisamente Schwab al presentar el Manifiesto de Davos antes de la cumbre de 2020, apunta que las corporaciones deben “aprovechar este momento para asegurar que el capitalismo de las partes interesadas siga siendo el nuevo modelo dominante”.

El poder global reunido en Davos, propone en definitiva, que las corporaciones deben convertirse en parte interesadas y junto con los Gobiernos y la sociedad civil, construir nuestro futuro global.

Un futuro cada vez más centralizado y supeditado por “poderes”, donde ciertas partes interesadas, tienen por supuesto más poder que otras. La sustancia de la descentralización, la desintermediación y la fragmentación del poder, iniciada con el internet de la información y potenciada por el internet del valor, quedan a merced de suposiciones del siglo XX sobre el dinero y el poder centralizados.

Más allá de utopías, fundamentalismos o resentimientos contra todo, no son precisamente las corporaciones globales quienes puedan llevar a la humanidad a un mundo más equilibrado, justo y democráticamente más extendido.

Entidades centralizadas como Google o Facebook han levantado modelos comerciales dirigidos a este nuevo siglo. Su recopilación  de datos mundiales es solo un aspecto del tamaño del poder que contienen.

Un mundo que se mueve en distintas vías, debería ir mucho más allá de los “loables” objetivos de Davos.

Poder de futuro

Indudable que el poder de hoy reside en buena parte entre quienes se reúnen en Davos. La consolidación de un modelo donde el poder de las corporaciones socave aún más la democracia y los gobiernos, en lugar de resolver las crisis sociales, ambientales o derechos humanos, las agravarán.

El poder global reunido en Davos, no es la respuesta a un futuro mucho mejor para la humanidad. Se requiere que las partes interesadas tengan igualdad de condiciones para poder equilibrar.

Ahora es que queda camino por construir en la realidad de nuestras naciones. Los modelos descentralizados alternativos, el derecho humano a la privacidad digital, la desinformación intensiva de gobiernos y corporaciones, deben formar parte de una agenda inclusiva e integral.

Toca ciertamente a los ciudadanos tomar efectiva conciencia para poder intentar cambiar cosas en realidad. Sin utopías fantasiosas ni ideologías obsoletas, la posibilidad de construir poderes diferentes a los actuales es posible.

Nada sencillo será, pero es que con lo que tenemos en la actualidad, nuestros problemas mayoritarios no se resolverán, tan solo se abrirá más la brecha.   

Imagen de Nici Keil en Pixabay 

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