Contrariamente a lo que se esperaba, el delito criptográfico ha disminuido en vez de aumentar. Algunos informes, llegaron a “profetizar” que esto no sería así debido a la migración masiva de las personas hacia lo virtual por causa del Covid -19. Sin embargo, se demostró que la experiencia y educación para frenar delitos cibernéticos son más efectivos que la regulación.

Y era de esperarse que en aquellas circunstancias millones de personas que no estaban del todo familiarizadas fueran víctimas de caimanes que estaban esperando a la orilla del río. Pero la experiencia educa y a medida que el tráfico de personas fue aumentando también la conciencia de que existían aprovechadores y delincuentes en este mundo cibernético.

Sumado a esto, una narrativa se estuvo alimentando por parte de los reguladores mundiales. La cripto economía era sinónimo de fraude y delitos y por tanto hay que impedirlo, combatirlo y regularlo. Y la historia ha demostrado que los miedos son más persuasivos que la necesidad. Por lo que se esperaba de igual manera una incursión total del Estado en la cripto economía.

Sin embargo, a pesar que este intento no ha sucumbido, lo cierto es que los Estados, y sus gobiernos no son tan eficientes como proclaman. Y la innovación supera su pereza y falta de flexibilidad. En otras palabras, el mundo criptográfico se mueve como gacela y ellos son una tortuga.

Y por si fuera poco, la experiencia en el uso de las nuevas tecnologías y el aprendizaje de los usuarios. Aunado al diseño y el perfeccionamiento de las aplicaciones criptográficas que cada vez son más amables con los usuarios. Ha permitido que en realidad el delito disminuya y los que existen sean localizados y visualizados fácilmente.

Experiencia y educación para frenar delitos

En este sentido ya habíamos compartido que el ciberdelito “iba palo abajo”. Y esta tendencia no se detiene. Según el último informe de Chainalysis, sugiere que gran parte del lavado de dinero está reservado a solo un puñado de direcciones. Y asegura que gran parte del lavado de dinero se está llevando a cabo entre menos de 300 cuentas separadas.

Esto es mucho menos que los ilícitos y las personas que en el mundo utilizan el efectivo y otros bienes para cometer fraude y delitos diversos. Sin embargo, lo que sí preocupa de los números es que muestra que la mayoría de los delitos cibernéticos son estafas.

Y esto concuerda con el último informe que ha realizado la Autoridad del Mercado Financiero de Austria (FMA). El cual registra que “dos tercios de los informes de fraude de inversión estaban relacionados con productos de comercio de monedas digitales y criptográficas”. 

En este sentido el vocero de la FMA,  Klaus Grubelnik expresó que en consecuencia “Vemos una gran necesidad de una regulación más estricta”. Y además explica, la dificultad de hacer juicios cuando las estafas no son localizadas en el territorio. Debido precisamente al carácter internacional de la web.

¿Pero será correcto pensar que esto se debe a falta de regulaciones?. A pesar del número preocupante de estafas, no es menos cierto que “sin regulaciones” el ciberdelito es menor si lo comparamos con los ocurridos con otros bienes y servicios. 

La naturaleza de las estafas tienen un gran componente que depende de la voluntad humana. Esto significa que podríamos disminuir las estafas educando, más que regulando. Si se les enseña a las personas identificar las estafas y por qué no, a denunciarlas. Es más probable que tengamos éxito que “regulando”.

En fin, la experiencia y educación para frenar delitos cibernéticos es un camino en el cual debemos insistir. Y en donde el regulador debería colocar su mirada.

 

Foto de Anna Tarazevich en Pexels

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